El vino mexicano atraviesa uno de sus momentos más interesantes. El consumidor busca historias auténticas, etiquetas con identidad regional y experiencias enoturísticas con propuesta gastronómica completa.
En 2026 destacan etiquetas de baja intervención y blends de parcelas específicas que expresan mejor el terruño. Esto abre la puerta a catas más didácticas y eventos de maridaje enfocados en producto local.
Para marcas y organizadores, la oportunidad está en crear experiencias curadas: grupos pequeños, narrativa clara y una combinación de vino, cocina y contexto cultural.

